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jueves, 1 de diciembre de 2011

Como si


Del espacio y los profetas,
nadie nunca es para tanto
y dejaste de llamarme.

Ahora ya da igual,
da igual porque el juego
era un "como si",
uno hacía que hablaba y sufría
y el otro que escuchaba y entendía.

Pero nada era verdad,
lo sabíamos,
nuestra grandeza era saberlo,
saber que era un "como si",
pero no nosotros
-seres narcisos perfectos-
sino todo el aura de goce
que nos rodeaba.

domingo, 5 de junio de 2011

La distancia y la cuesta


La distancia es corta,
como el cuello de una hormiga
que a veces muta en oruga impertinente
y lo alarga todo,
disturba, agoniza,
y lo alarga todo.

La cuesta, que es larga también, y cuesta.

Sordo como el soliloquio de los amantes
que hablan de la infelicidad sin oírse,
continuando sonrientes, enredados, y gozosos
en la queja que les permite seguir sin oírse.

jueves, 11 de noviembre de 2010

El eterno retorno


Si el tiempo muerto dejara de ser simbólico
y nos arrastrara a los abismos
circulares e impertérritos,
sempiternos e infinitos
de la circularidad.

Si todo volviera de nuevo como decían los griegos
si el retorno de Nietzsche fuera verdad,
si el psicoanálisis no errara con el goce del síntoma,
entonces, sin duda,
estamos avocados a repetir
cada estúpida cosa que hicimos.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Acoso y derribo (o una reflexión sobre el "Duelo y Melancolía" de S. Freud)

Y uno puede saber que el dolor desmedido
con el llanto y la angustia,
con todos sus estandartes y su frío.

Luchar con un algo que se ha ido y no volverá
a permitirnos volver a caer
y enganchar otra vez
con el goce que aguanta el vacío.

Dolerá mucho más saber, que jamás
volverás a caerte conmigo.

Quizás pueda volver a ponerme de pie
tras haber sucumbido al derribo.

Ya no quiero llorar al cortarme los pies,
lo que quiero es tirar el cuchillo,
desmontar este acoso y derribo.