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lunes, 26 de julio de 2010

Tras esa novela


















El calor y los vecinos por entre las ventanas,
pelos de gata, el cuerpo vencido y olor en los pliegues.
Memoria de pez, de pez isleño y varado,
mordido por un sedal ya usado.

Coleccionando colillas con un presente circular,
con el tiempo alicatando cada esquina de una casa con años.

El verano dejó de ser eterno,
por una vez deseaba que llegara de nuevo el invierno.

Letras que por fín no eran de estudio, ni de datos,
ni de oscuras diserciones sobre la estructura de los traumas.
Letras que hablaban de viajes y desmemoria,
de islas socialistas y casas desvencijadas.
Memoria de pez, de pez pequeño y morado,
callado como un recuerdo olvidado.

Al menos ya pueden abrirse las ventanas,
ha llegado la tregua de las 9,
pero el ventilador tiene inercia.
La tercera versión de un manuscrito,
letras prometidas, letras parecidas,
letras que sonaban a historias ya vividas.

Una ducha y una cerveza,
un ducha, algún plan y una cerveza.

miércoles, 17 de febrero de 2010

De nuevo.


Desesperarnos suele ser lo habitual
después de saber que la memoria
va a quedársenos pequeña...

Y que no se puede rellenar un vaso tras otro
si no hay alguien que se lo beba.

La misma obviedad
y un cuerpo que se eriza
por un roce accidental.

Conmovedor,
lo que quiero es que me mires
cuando estés dentro.



Nunca se vuelve a pasar dos veces por el mismo sitio
porque en realidad, es una novedad
aunque pueda parecer lo mismo.

Y aquí volvemos a estar
sonriendo al preparar la salsa
volviendo a atracar el latex
de las farmacias de guardia.

Desesperarnos, suele ser lo habitual
después de saber que la memoria
va a quedársenos pequeña...