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miércoles, 10 de marzo de 2010

A las cosas por su nombre.


Aún huele
a ti en la cama
y aún sueño
que al menos
queda menos
de un instante
desdentado
e infinito,
cabizbajo,
casi oblicuo
de guardarnos
la distancia
que recorren
los instantes
parecidos
y por eso intento llamar
a las cosas por su nombre.

(Ilustración de Noemi Villamuza).

sábado, 27 de febrero de 2010

La Mirada

Volver a ver
y mirar al ojo
coloreado y quieto
que organiza y transmite el mundo
a través de sus dos huecos.

Volver a mirar
y ver lo imposible
la cuestión que debilita,
la viga o la paja,
la luz o el soporte.

Y no es a veces lo normal cuando se palpa,
sin al menos una bombilla, es ilusión la mirada.

Poder ver lo que a veces,
sólo puede imaginarse,
como en una película,
como fantasmas fugaces.

Fotograma a fotograma
la mirada puede ver y organizarse,
o puede paralizar,
como un modelo que posa.


Por eso en el mirar,
entra el ver lo que a veces
se escapa del campo visual.

miércoles, 17 de febrero de 2010

De nuevo.


Desesperarnos suele ser lo habitual
después de saber que la memoria
va a quedársenos pequeña...

Y que no se puede rellenar un vaso tras otro
si no hay alguien que se lo beba.

La misma obviedad
y un cuerpo que se eriza
por un roce accidental.

Conmovedor,
lo que quiero es que me mires
cuando estés dentro.



Nunca se vuelve a pasar dos veces por el mismo sitio
porque en realidad, es una novedad
aunque pueda parecer lo mismo.

Y aquí volvemos a estar
sonriendo al preparar la salsa
volviendo a atracar el latex
de las farmacias de guardia.

Desesperarnos, suele ser lo habitual
después de saber que la memoria
va a quedársenos pequeña...

jueves, 11 de febrero de 2010

Lo relativo y los números


Movernos en límites de gris con líneas discontinuas.
Saber nunca fue para mi una palabra fija.

Las certezas con las manos abiertas,
pánico a la intuición, a la falta de respuestas.

A veces quisiera tener un hueco donde perdernos,
a veces, quisiera que no importara perdernos.

Yo siempre quería salir,
tú hablabas entre burbujas.
La gente solía decir, la gente que mira a oscuras.

Y mirabas las melodías, con ojos fríos y sintéticos,
yo agradecí la oscuridad de cierto toque siniestro.

Los años eran la mente y los recuerdos,
los años que caminaban por entre el niño numérico.

A veces quisiera tener un hueco donde perdernos,
a veces, quisiera no importara perdernos.

jueves, 22 de octubre de 2009

Octubre


Hoy hace uno de esos días de entretiempo, frío y veraniego a la vez, pero no sé por qué extraña razón se sabe que llegara el invierno, Octubre no se confunde con la primavera, hay algo de densidad en el aire que delata, una mezcla misteriosa de luz tenue y opaca.

lunes, 17 de agosto de 2009

Guardar la distancia


Intentaba guardar la distancia, no quería dar un mensaje equivocado.
Así que tras mirarla de lejos mientras pedía una copa, se acercó.
Al menos tenía la conversación fácil y era conocida de conocidos, con lo cual no habría que caer en las incómodas presentaciones forzadas tan naturales en los bares.
Le sonreía y halagaba sus comentarios más locuaces, él también hablaba con vehemencia de los temas que controlaba y le gustó que hubiera lugares comunes.
Así que dejó de guardar la distancia y la besó.
La acompañó a su casa y se quedó dentro.
Alguna vez más se encontraron y él volvía a guardar la distancia, sobre todo porque la pobre niña no se llevara a equívocos, por no confundirla, pero era tan cómodo hablar de los temas de la última noche, preguntar por cómo habían ido los últimos hitos, sonreír al tener cada vez más bromas comunes que dejó otra vez la distancia a un lado y esta vez le acarició el cuello al besarla, mientras la abrazaba al bailar. Pidieron un par de copas más, era divertido estar borracho con ella, ella era divertida con aquella manera de hablar tan curtida en las barras. Así que no pudo evitar volver a acompañarla hasta su casa y volver a quedarse dentro.
La última vez que se vieron se acercaron y se dieron dos besos sonrientes y él pidió la copa de los dos para que ella viera cómo se acordaba.
Así que la misma temática que en ocasiones anteriores empezó a ser dicha al oído, con más cariño, con más confianza, aún sin beso. Hasta que él dejó de guardar la distancia y le dijo “sácame de aquí” y ella agarró su bolso y se marcharon a casa, de la mano esta vez, hasta que llegaron a su casa y él volvió a quedarse dentro.
Ahora, él, que tan bien guardó la distancia, no volvió por el barrio.

martes, 11 de agosto de 2009

Incompatibles



Duerme apretado contra un colchón naranja,
y sabe, tiene la certeza de su lado.
A pesar de todo,
de las uñas,
él no tiene miedo.

Duerme a sus anchas,
ella se despereza
y vuelve a dormirse por las esquinas de la casa
y no sabe cuando empezó la decadencia,
el pecado de tener una cara bonita,
pero ella también sabe,
también tiene la certeza de su lado,
por mucho que él se acerque infantil y temeroso.

Ya se lo dijo una vez,
luego otra,
a la tercera le dolió,
pero él seguía intentando olerle por detrás de las orejas.

¿Cómo explicarle el imposible?
Hay quien nace para ser incompatible.

Él se acerca con el pelo castaño y la barba pelirroja.
Se cruzan por el pasillo y la mira,
la mira como nadie la había mirado jamás,
y ella no duda,
se aprieta su bata de seda gris y prepara el desayuno.

Él se empieza a conformar con tumbarse cerca
y verla dormir.

Como la uña de una mano

Y las piedras de colores como un mosaico, y el pelo sobre esa alfombra, y ella mirándo a la gente de lado, como los cangrejos que andan de lado.
Si se concentraba hasta podía oír las olas, pero estaba en la montaña y aquellas piedras no podían estar saladas, "auque la sal debería estar en los genes de las piedras" pensó.
Era feliz mientras Elena cantaba una letra desconocida usando el "nanananananana".
Y se veía la luna, le gustaba que se viera la luna de día, era como la uña de una mano que rozara una cerámica celeste.

Una voz en off


Estuve durmiendo por las esquinas de cinco en cinco minutos.
Releí "Héroes" de Ray Loriga, dedicado a Ziggy, el alter ego de David Bowie.
Siempre que leo un libro suyo me siento un personaje de novela.
Es como si escuchara una voz en off de lo que voy haciendo: "ella se levanta, se pone una falda negra y una camiseta a rayas antes de bajar las escaleras y esperar a que la recojan para llegar a tiempo".
Tres días de conciertos.
"Este es el mejor camino para acabar mal" dijo el batería de Sueter mientras nos tomábamos una caña.
Lo mejor de Los Planetas son los temas de toda la vida, esos que a mi me recuerdan a toda aquella época del Pez Cucaracha.
Anoche fui un personaje de Ray en un fin de fiesta dulce. El Sugarpop estaba lleno y ni siquiera quedaban vasos, pero al menos pude guardar algunas sorpresas en mi bolso.
La gente pasaba, los chicos intentaban hablar, yo robaba tabaco y gritaba esa canción de Dorian "A cualquier otra parte..."
Me acordaba de gente que podría estar disfrutando del postureo Granadino, de los bares a reventar, de la gente que te reconoce por muchos años que pasen.

jueves, 6 de agosto de 2009

Salir a comprar chocolate un día de sol

Salió de casa, respiró el aroma de el sol empapando su calle, se acercó a la tienda de la esquina, saludó cariñosa al tendero y estuvo tentada de comprar un producto de limpieza color verde simplemente porque se llama “friega suelos Las Tres Brujas” pero al final no lo hizo. Compró chocolate en polvo y croisanes.
Sonó la campanilla al salir, abrió los brazos y decidió bajar la cuesta corriendo y saltando de puro feliz.
El vecino de enfrente limpiaba la acera de su puerta y ella sacó las llaves, recompuso su abrigo y le saludó muy formal “Buenos días” “Buenos días”. Y sonriendo para dentro abrió su casa y organizó una merienda con amigos.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Lotería


Unívoco, absurdo, como una lotería. O te toca el premio gordo
o a seguir comprando billetes. La ilusión de engañarte puede durar lo que quieras, puedes guardar el billete en el bolsillo y no mirar si a tocado durante el tiempo que decidas, pero uno ya empieza a sospechar y piensa “si me hubiera tocado me habría enterado” entonces una saca un valor retórico ya que no hay nada que en verdad esté en juego, sólo hay que comprobar una serie de números que no se volverán los verdaderos a pesar del valor con el que compruebes…

Siempre a más

Yo que pensaba que ya nada podría calmarme,
que mi enfermedad mental terminaría ahí, inequívoca.
Siempre puede llegar más lejos,
puede ser más y más absurda y sorprendente,
y al sorprenderme,
me doy cuenta de que es sólo así que puedo andar,
como con una muleta,
que me encadena los brazos para siempre,
pero que es capaz de aguantarme mejor que ellos mismos.

Lo que queda


Me queda un átomo de polvo,
sutil pelusa entre las sábanas,
de una cama que huele a limpio.

Me queda un átomo de polvo
de cuando éramos felices,
y por entre esa rendija
a veces se puede ver
y otras cuesta horrores no quedarse ciego con la imagen falsa, oxidada y demás
de cuando éramos felices.

Porque si lo fuimos,
ocurrió que dejamos de serlo
por algo que nos volvió infelices,
sobrevalorarlo es mezquino, falso y patológico,
pero a veces pasa
y uno sufre a espuertas,
porque sufrir es gratis
y reconforta en algún lugar
de nogales y naranjos.

Alfeizar


Mi error fue sentir,
creer que las coincidencias
te apetecían tanto como a mi,
creer que jugar a buscar palabras sonoras
era como tragarse un trozo de fieltro azul,
tengo una perfeta: alfeizar,
pero eso ya no viene a cuento,
ya no te quedas a dormir
y a mi va dejando de importarme.

Pronto


La inmensidad de un lugar
que acaba de llegarte,
y te fascina y te engancha
hasta las trancas,
hay vértigo y gusanos temerarios,
pero, también sabes que pasará pronto.
A fin de cuentas,
todo pasa más o menos
pronto.

Obediencia


Aterrada a una pared, respiro
sin darme cuenta de que respiro.
Las vísceras siempre han sido muy obedientes,
de un obediente acojonante.

En el filo

Hoy me encontré en el filo de la cama, como enganchada a una cornisa,
a punto de caerme, resbalar
o derramarme.

Como si no hubiera espacio para mí,
pero lo había,
duermo en una cama de matrimonio vacía,
pero a veces,
uno no sabe qué hacer
con todo el espacio del mundo
y los filos,
siempre han sido confortalbes,
te recuerdan a tiempos
en los que no cabías,
y a veces,
uno deja de caber cuando crece,
quizás por eso,
necesite pegarme al borde de la cama.