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lunes, 13 de febrero de 2012

Un tiro

Para una ilustración de Antonio Illescas
y su "catálogo de suicidios"

El impacto atravesó la piel, ya negra,
con el pelo quemado y los capilares humeantes.

Y entró hasta tocar el hueso,
blanco, firme y hueco,
que quebró como una nada
tras el paso de la bala.

Luego la carne salió,
roja, viscosa y sangrada
y el suelo se manchó
y las paredes de tu casa.

"volveré cuando estés muerto",
me gritaste enfadada.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Los huesos del pueblo


































Sobre el hueso,
blanco y calcinado,
sosteniente, apoyado,
blanquecino y estriado,
resistente o fragmentado.

Encima del hueso, un peso,
retorcido y sustentado sobre dos piernas
cruzadas victoriosas sobre si mismas,
soportando todo el cuerpo,
encima del hueso,
del empeine de un pie,
y todos los piés
encima del suelo,
debajo del cuerpo.

Abierta, la boca proyecta el deseo,
llena de otros, la plaza,
el hueso, lleno de nada,
hueso hueco que pierde su función de andante
y se sienta debajo,
como un colchón confortable,
que sujeta el lenguaje y las miradas de muchos,
de todos, los huesos del pueblo.